
¿VIVIMOS?
Juan se levanta cada mañana, hace su cama, porque así le enseñó su madre que tenía que hacer. Se baña y se pone el perfume que a su novia le encanta. Desayuna una manzana, 50 grs de cereales y una taza de leche, descremada, sin azúcar. Es que se lo recomendó el médico. A la mañana va a la facultad a estudiar arquitectura, porque su padre siempre le dijo que él debía ser un gran arquitecto, un profesional de renombre. Almuerza cada día en lo de Lucía, su novia. Ella le cocina lo más sano posible. Es que lo quiere ver flaco, le dice. A la tarde, trabaja. Su abuelo, desde chico, le había inculcado el valor del trabajo. A la noche, gimnasio. Es que todos le dicen que debe tener un buen físico. Más tarde, duerme.
En los días de ocio, va al mismo lugar de siempre. Es que sus amigos van allí. De hecho conoció a Lucía en ese lugar. La música no le gusta mucho. Electrónica. Pero sus amigos le dicen que no puede escuchar cumbia. ¡Eso es groncho! Se ríen de él.
Sus padres siempre le preguntan cómo le va en la universidad. Lo apoyan y le exigen. A él siempre le gustó hacer caricaturas. Ser caricaturista de algún medio de prensa es su sueño. Pensar casas no es lo suyo. No le gusta. ¡Para nada!
Siempre quiso tomar leche chocolatada. Nunca pudo. Hay que comer natural, le dicen. Siempre quiso gritar en la calle, pero eso era de desubicado. Siempre quiso dormir hasta tarde, pero defraudaba a su madre, y si no hacía la cama, más aún.
Hace un tiempo que su trabajo le aburre. En realidad nunca le agradó. Es que vender ropa no es lo suyo. Pero fue lo que consiguió. Juan quiere disfrutar de su tiempo libre fuera de la facultad, pero si no trabaja, su abuelo se decepcionaría, mucho. El gimnasio en realidad lo cansa. No le encuentra sentido. ¡Quiere un gran chivito! No lo dejan.
No cree que exista nada mejor en la vida que bailar un dos y dos en algún galpón por ahí. Alguna música de esas, tropicales. Se ríen de él. Teme a que no lo inviten más. Teme perder a su novia si engorda unos kilos de más. Teme morirse de hambre si se dedica a la caricatura... teme...
¿VIVE?
Juan tiene 50. La vida le pasó volando. La disfrutó? Tal vez. Su respuesta es sí. Pero mucho no se le cree. Su expresión nada. Él mucho menos. Se le nota. Es que con su respuesta parece querer dejar contento a alguien. ¿A quién? Como si eso importara. La vida le pasó por arriba...
¿VIVE?
Ahora Juan tiene 82. Juan está por morir. Juan teme. Juan sufre. Juan no muere... Juan nunca Vivió....
¿VIVIÓ?
¿Que cruel no? Pero no muy alejado de la realidad. De muchas realidades. ¿De la tuya? ¿De la mía?
Siempre, en mayor o menor medida, tratamos de dejar contentos a los demás, tememos defraudar, pero nos terminamos defraudando a nosotros, terminamos, sin querer, con nuestra vida. No somos felices. Para nada!
¿Ganamos algo?
¿Odio? ¿Estrés? ¿Resentimiento? ¿Dolor?
NOS SENTIMOS VACÍOS... ¡FRACASO!
Juan no murió... está a tiempo. A tiempo de hacer lo que quiere. Lo que debe. ¡Siente!
Y la mejor forma de vivir, es hacer lo que queremos. Siempre con responsabilidad. ¡Eso si! Pero hacer lo que uno siente. ¡Lo que uno siente de verdad! ¡De verdad!
Y si pensamos, si reflexionamos, los que nos quieren, nos quieren felices. Felices nos quieren los que nos aman. ¡Reflexionen! ¡Es así!
Y el ser feliz es la mejor forma de no defraudar. Es la forma de estar bien con nosotros y dejar contentos a los demás.
A veces nos olvidamos de lo que realmente importa. Y de lo que importa realmente. Marquemos nuestras prioridades. Prioricemos nuestras marcas. Esa marca registrada personal. Lo que somos. Nuestros sueños, nuestros deseos, ¡nuestra vida! ¡Vida!
¡LET IT BE! Amigos, lo que digo acá, es que sigamos nuestros sueños, VIVAMOS nuestras vidas, y seamos nosotros. Hagamos lo que sintamos. Y rindamos cuentas a nosotros mismos. Los de afuera, como dijo el negro jefe, son de palo. ¡Son de palo! La única forma de hacer feliz a los demás es, primero, hacernos feliz a nosotros.
Valorarnos. Querernos. Hacer lo que queremos y sentimos. Sentir lo que queremos hacer. ¡Y querer hacer lo que sentimos!
¡Reflexionen!
¡Amor! Del propio y del ajeno. ¡Libertad! No libertinaje. ¡Salud! Chin chin...
¡Sean felices!, especialmente eso...