
Ya hace unos minutos que paso la medianoche y me encuentro acostado leyendo tranquilo una nota realizada a la señora Lágrima Ríos.
Esta nota me ha hecho pensar y me dieron ganas de escribir... es que nunca es demasiado tarde para pensar, menos para escribir lo que uno piensa. Hay que estar siempre abiertos a la reflexión porque es esto lo que nos hace –entre otras cosas- crecer como personas.
Y aquí sigo corriendo con mi vista, el texto de la página 9 de la revista vayven que sale los sábados con el Diario El Observador, y la nota me atrapa cada vez más, un poco porque me presenta a esta mujer que tiene un carisma impresionante y en parte porque me hace recordar un tema que me venía dando vueltas por la azotea y que de hecho escribi una nota hace un par de días. Aprovecho para recomendar la lectura de dicho suplemento.
Y sigo leyendo y sigo reflexionando sobre este tema que nos aqueja a los uruguayos y que creo esta en nuestra idiosincrasia. Me refiero a la falta de reconocimiento, de aplausos, de apoyo, de quejas, esa falta de feedback. Lágrima dice “... la fama es algo que gané, pero soy una vecina más en este barrio, y me siento muy querida por la gente...” respondiendo con la humildad que la caracteriza a la pregunta sobre qué pensaba de la fama a los 81 años de vida.
Anteriormente, hay un pasaje en la nota que habla sobre su inclusión en el disco “El Café de los Maestros” y que me llamó poderosamente la atención. Ella está muy contenta y muy agradecida por la oportunidad, pero culmina su respuesta diciendo “... yo comencé a los 18 y que me vengan a buscar ahora....” dejando un suspenso, un silencio, y haciendo lugar al pensamiento. Y justamente esto es lo que hago, me abrió la mente y estoy pensando en ello.
La pregunta entonces es por qué el uruguayo siempre espera al último momento para reconocer y felicitar a una persona por su trabajo? Pero el caso de Lágrima no es el único, hay miles más, como el de un Jorge Drexler que tuvo que triunfar en España y llegar a conquistar un Oscar, y la lista sigue...
Pero como ellos hay miles de anónimos que, de una u otra forma dan su vida por realizar cada día mejor la actividad que desarrollan. Padres, Madres, Hijos, Maestros, Mecánicos, Panaderos, Voluntarios que realizan misiones para ayudar al necesitado, gente común como vos, como yo.
Estaría bueno que el uruguayo deje ese no se qué que hace que seamos así, duros, reacios a lo nuestro, a reconocer al otro. Y eso que somos de los pueblos más calidos en el mundo, y es verdad que el mundo cambia, pero estaría bueno tambien que esa calidez no acompañe al cambio sino que la mejoremos y la afiancemos en nuestras raices, pasándolas a nuestros hijos como patrimonio cultural, como un tesoro a cuidar.
Prediquemos con el ejemplo a nuestros niños y al mundo, apoyemos a quienes lo merecen, démosle una mano a hacer el trabajo y a lograr esos resultados por el que día a día luchan por lograr. Rescatemos los valores que hoy están en caída libre, hundiéndose. Saquémoslos a flote, pero a tiempo, y nos nos quejemos leyendo el diario del lunes, cuando todo pasó. Estamos a tiempo, valoremos un poco mas el trabajo y el esfuerzo, pero en el momento del logro y no años después cuando tal vez esa persona bajó los brazos y se rindió en la lucha...